Llega un punto en que dar un tema nuevo cuesta más de lo que aporta. No porque el tema no importe, sino porque cada hora que le dedicas es una hora que no repasas lo que ya diste, y eso se está enfriando sin que lo notes.
Regla: en los últimos dos meses, nada nuevo. Solo repaso, test y simulacros. Es incómoda porque parece que dejas huecos, y funciona precisamente por eso.
La cuenta del coste
| Dedicas 10 horas a | Ganas aproximadamente |
|---|---|
| Un tema nuevo | Las preguntas de ese tema, a medias |
| Repasar diez temas dados | Asegurar las preguntas de todos ellos |
Un ejemplo
A dos meses del examen te faltan tres temas de cincuenta. Tienta darlos. Si lo haces, ganas quizá una o dos preguntas mal asentadas de cada uno, y dejas de repasar los cuarenta y siete que ya sabías, que empiezan a fallar. En el siguiente simulacro tu nota global baja. Es la trampa: sientes que avanzas mientras retrocedes.
Cuándo un tema nuevo sí
La regla es solo del tramo final. Si aún quedan varios meses y te falta buena parte del temario, hay que seguir dándolo: parar entonces sería abandonar. Y un tema que cae siempre y pesa mucho puede merecer una excepción medida, no un cero absoluto.
Cómo decidirlo sin dramatismo
No lo decidas por sensación. Cuenta las semanas reales que quedan y los temas que te faltan, y calcula si con un repaso decente te da tiempo a tocarlo todo. Si no te da, ese tema nuevo compite contra el repaso de lo que ya sabías, y en esa cuenta pierde casi siempre. Es una resta, no una corazonada: el número te dice cuándo parar, y hacerlo así quita la culpa de dejar huecos.
Al final, temas nuevos
- Ganas poco y a medias
- Enfrías lo que ya sabías
- Baja la nota del simulacro
Al final, repaso y test
- Mantienes todo caliente
- Aseguras lo que ya dominas
- Sube la nota estable
Si te faltan muchos temas al llegar aquí, esa es información sobre esta convocatoria, no sobre ti. Preséntate igual: el examen real es la mejor preparación para el siguiente.